Catalizadores

El motor de combustión interna, por sus propios principios de funcionamiento, no es capaz de quemar el combustible en los cilindros de forma completa. Cuanto más incompleta sea la combustión, mayor cantidad de sustancias nocivas irán expulsadas en los gases del motor hacia la atmósfera.

Por ese motivo, desde hace años, los vehículos incorporan un componente en su sistema de escape llamado “Convertidor catalítico”, vulgarmente llamado “catalizador”. Este elemento se encarga de filtrar los gases de escape emitidos por el motor, altamente contaminantes, transformándolos en otros gases menos nocivos para el medio ambiente.

El catalizador disminuye la velocidad de los gases para que les dé tiempo a transformarse en su propio interior mediante una reacción química. Los catalizadores más usuales están compuestos por un sustrato cerámico, conocido habitualmente como “monolito cerámico” que se obtiene mediante la extrusión de silicato de aluminio-magnesio cuando se encuentra en estado plástico, formando una estructura de panal de abeja, con un espesor de 15 centésimas de milímetro. Dado el pequeño espesor de las paredes, la superficie frontal permanece bastante libre, siendo aproximadamente del 70%, generando una contraprestación relativamente baja, por lo que no merma demasiado las prestaciones del vehículo.

Resulta imprescindible respetar unas premisas básicas para mantener el catalizador en buen estado de uso:

  1. No utilizar nunca gasolina con plomo, ya que incluso pequeñas cantidades de este producto son suficientes para dañar el catalizador.
  2. Verificar el consumo de aceite del motor, que no debe ser superior a un litro cada dos mil kilómetros. Si se supera este consumo, se podrían dañar seriamente las características catalíticas del convertidor.
  3. No arrancar el vehículo empujándolo, ya que el motor podría expulsar hacia el escape combustible sin quemar que pasaría al catalizador y se quemaría en él, produciéndose la fusión del monolito cerámico.
  4. No utilizar aditivos para la gasolina que contengan plomo, ya que producirían un envenenamiento del catalizador y, por tanto, lo inutilizarían.
  5. Es muy importante realizar revisiones periódicas del motor del vehículo, principalmente del sistema de encendido y del sistema de inyección, ya que cualquier fallo produce la destrucción del catalizador.
  6. Nunca debe permitirse que el depósito de gasolina se vacíe, pues da lugar a un suministro irregular del combustible, provocando falsas explosiones y una elevada temperatura del catalizador que puede llevar a su fusión.
  7. Hay que evitar, a toda costa, darle golpes o roces porque se puede romper el monolítico cerámico; por eso hay que extremar las precauciones en las salidas de garajes, caminos, etc.

Recordaremos que un catalizador en mal estado no cumple adecuadamente su función y permite que los componentes nocivos de los gases pasen a la atmósfera, además de mermar las prestaciones del vehículo porque actúa como un “tapón” para la salida de gases.

Resulta relativamente común eliminar el catalizador, sustituyéndolo por un tubo directo o por un silencioso convencional. Esto aumenta las prestaciones de algunos vehículos, sobre todo para un uso de conducción deportiva. Debemos señalar que los vehículos sin catalizador no cumplen la normativa vigente.

También informamos que la eliminación del catalizador en los vehículos de última generación produce alteraciones en el sistema de inyección.

Existen en el mercado catalizadores “metálicos”, homologados para uso de calle o competición. Estos catalizadores están realizados en monolito metálico, tienen 200 celdas para la “filtración” en vez de 400 que tienen los convencionales de serie. Por lo tanto, permiten un aumento en la velocidad de salida de los gases y consecuentemente un aumento de prestaciones.